jueves, 25 de abril de 2013

Ocean Colour Scene en Barcelona, abrazos en directo un tanto fríos pero con el alma encendida

OCS en el Apolo (BCN 2013) . Foto Magic Pop
TV3, la televisión de Catalunya, emite un programa con el título genérico de “Ópera en texans” con el propósito de gustar no solo a los entendidos en este género de la música teatral sino también con el loable objetivo de captar nuevos adeptos para la causa del “bel canto”. El programa resulta tan entretenido como didáctico y, sinceramente, ya quisiera yo uno de similar para nuestro querido rock and roll. Pero bueno, eso ya es otro cantar que merece otro momento para ser tratado en profundidad. Si saco a colación este premiado espacio televisivo y musical es porque, en uno de sus recientes programas, el presentador nos mostró un fragmento sonoro de una pieza de Bach, creo recordar, interpretada en el pasado por un virtuoso pianista cuando éste tenía veinte y pocos años. Seguidamente nos hizo escuchar la misma pieza interpretada por el mismo músico cuando éste ya estaba cercano a cumplir los cincuenta años. Pues bien, el pianista en cuestión no solo había ralentizado el tempo sino que, a mi modo de ver, con los años se recreaba mucho más en los pasajes consiguiendo una mayor intensidad e incluso trascendencia.

OCS en el Apolo (BCN 2013). Foto: Magic Pop
Esa diferencia en la intencionalidad de la interpretación, según sea la edad, al menos en la música clásica se considera un claro indicativo de madurez, para nada criticable, que incluso comporta el beneplácito tanto de público como de crítica. Si hiciéramos el mismo experimento con el rock and roll, lo más probable es que no faltarían las críticas crueles que lo considerarían una muestra del deterioro en el artista y serviría como argumento, a todas luces injusto, para obligarle a abandonar la escena cuanto antes. Podría citaros unos cuantos ejemplos con nombres y apellidos pero no creo sea necesario. Estoy seguro de que más de uno y una de vosotros y vosotras, habréis oído o leído críticas tan poco fundamentadas, relacionadas con la edad, como por ejemplo que han sonado lentos, o incluso que han resultado soporíferos porque han abusado de los medios tiempos. En fin, como sé perfectamente que sabéis de qué estoy hablando, lo mejor será pasar a compartir, con quien quiera seguir leyendo esta larga crítica, algunas sensaciones personales sobre el concierto que nos ofrecieron el 23 de abril de 2013 en la sala Apolo de Barcelona los británicos Ocean Colour Scene: un grupo, digamos que maduro, cuyos tres miembros originales están más cerca de los cincuenta que de los cuarenta. Desde luego no sonaron como en sus años mozos, allá por los noventa, pero os puedo asegurar que sus medios tiempos y baladas me pusieron los pelos como escarpias.
           
OCS en el Apolo (BCN 2013). Foto: Magic Pop
En principio, un concierto de los Ocean Colour Scene podría ser catalogado como un directo mayormente destinado a nostálgicos dispuestos a recordar el repertorio de una banda que, para muchos, tuvo su cénit hace un par de décadas. Sin embargo, los OCS nunca fueron  considerados como parte fundamental de esa escena británica de los noventa, me refiero a eso del britpop, y  no  se beneficiaron del mismo fervor mediático que otros contemporáneos suyos menos creativos que supieron vender actitud a falta de arte.

Por otra parte, es cierto que los OCS presentan un nuevo trabajo llamado “Painting” (Cooking Vinyl 2013). A mi modo de ver, es un buen disco con algunos momentos memorables, en su mejor línea melódica y rítmica, con temas fantásticos como el que le da nombre u otros como “Goodbye Old Town” o “Doodle Book”. Pero no nos engañemos, es también más que probable que, tras esta gira de presentación que realizan por varios escenarios del estado, la mayoría de nosotros nos olvidemos de ese álbum porque no solo carece de la promoción adecuada, y por tanto dejará de oírse en las emisoras, sino que encima tan solo está editado en el difunto soporte digital y ni siquiera lo vendían en el stand de recuerdos del concierto que dieron en el Club Apolo de Barcelona. 

Sin embargo, y contra todo un pronóstico personal en un principio un tanto desolador por lo que respeta a su actual poder de convocatoria, la sala barcelonesa se llenó de diferentes tipos de gente, pero se llenó y eso, en este país de tantos entendidos en coleccionar y pinchar discos, pero tan perezosos con los conciertos, no deja de resultar sorprendente y más aún si cabe, un día en que el Barça jugaba a la misma hora un partido contra el Bayern, el de las aspirinas supongo. Entre el público, muchos turistas ingleses que no desaprovechan la ocasión de asistir al directo de alguno de sus grupos compatriotas, durante su estancia en nuestra acogedora ciudad y encima en un día tan señalado y tradicional como es Sant Jordi en el que casi todos nos sentimos un poco más de lo que se supone que tenemos que ser, o sea lectores, amantes y catalanes. No faltaron, por supuesto, un nutrido grupo de hombres y mujeres que conocían la banda desde los noventa, y que por tanto rondan los cuarenta, así como unos cuantos jóvenes con menos de treinta que nadie sabe cómo habrán llegado a los OCS con lo poco que se les promociona aquí. Si a ello quieres llamarlo un público heterogéneo, pues vale, aunque prefiero llamarle un público normal casi ideal si se me permite la apreciación porque la verdad, los conciertos elitistas, o sea con poca gente pero entendida, son un rollo y deprimen. No se me escapa tampoco que en Madrid, pues nada menos que, a raíz de la demanda, tuvieron que cambiar de sala en favor de una de más grande y eso que actuaron en lunes. Sin duda, inaudito.


OCS en el Apolo (BCN 2013). Foto: Magic Pop

Comentarios jocosos aparte, la realidad es que ese magnífico público de Barcelona dio la talla y arropó como es debido a la banda. Todos disfrutamos de lo lindo coreando los grandes éxitos de los de Birmingham y eso que, más bien, los OCS se mostraron fríos y distantes. Eso sí, en todo momento estuvieron dispuestos a ofrecernos un buen concierto, y lo consiguieron pero sin excesivas complicidades. Bromas las hubo, pero muy contadas y un tanto forzadas.  Tampoco esperaba que vitorearan a Sant Jordi, a Barcelona, o chapurrearan un poco de catalán o castellano, pero lo cierto es que les costó expresarse más allá de sus canciones y hubo algún que otro detalle que me pareció un tanto desafortunado aunque no pienso darle más importancia de la que tiene, o sea meramente puntual.    

Desde luego, seas o no un fan de la banda, para asistir a un concierto de los OCS no puedes obviar que se trata de un grupo con una trayectoria que ronda ya los veinticinco años y con unos músicos que están cerca de pasar página a la cuarta década de su vida. Con ello no quiero decir que la edad determine la esencia artística de un músico. Me refiero, más bien, a que esos factores suelen determinar las expectativas que provoca el tener sobre al escenario a un grupo de músicos altamente experimentados,   maduros, "viejunos" o como quieras llamarles. Si nos empeñamos en ser muy estrictos y ciertamente inflexibles con el propósito de comparar lo que fueron con lo que son, lo más probable es que acabemos por decepcionarnos. Ahora bien, si somos ya no tolerantes, sino simplemente inteligentes, nos daremos cuenta de que es imposible que los músicos, como tampoco el público, ni siquiera nosotros mismos,  somos los mismos ahora que en los albores de su carrera o en nuestra tierna adolescencia. Pero por ello, solo por ello, no somos ni mejores ni peores, sino diferentes.


OCS en el Apolo (BCN 2013). Foto: Magic Pop

En el caso de Ocean Colour Scene, mediante sus diez  álbumes de estudio repletos todos ellos de grandes canciones, atesoran un repertorio más que suficiente como para satisfacer durante horas a un público mínimamente sensible, combinando tiempos rápidos con momentos más intimistas. En el Apolo fue bastante menos el tiempo que pudimos disfrutarles. El concierto nos pareció, más que realmente fue, corto. Para ser tan justos como precisos, cabe mencionar que resultó un tanto excesivo el rato que nos tuvieron en ascuas, dando palmas y silbando como posesos, para que nos regalaran ese único y un tanto escaso bis. En cuanto al repertorio, excelente de principio a fin. Interpretaron unas cuantas canciones de su nuevo trabajo “Painting” intercaladas entre otras de más conocidas como las enérgicas “The Riverboat Song”, “The Circle”; las emotivas “Second Hand Car” y “Robin Hood” que abrió el único bis con Simon Fowler en solitario haciendo gala de su enorme y sensual chorro de voz; más las coreadas “Profit In Peace” o “The Day We Caught the Train”, entre otras maravillas de su cancionero pop con detalles de soul, toques psicodélicos e incluso jamaicanos.


OCS en el Apolo (BCN 2013). Foto: Magic Pop
Durante todo el concierto, se lució en varias ocasiones un inspirado e indispensable Steve Cradock a la guitarra, tanto eléctrica como rítmica, con efectos de slide, fuzz o en plan mandolina. Simon le acompañó con rítmica mientras demostraba, una y otra vez, su extraordinaria capacidad como cantante principal aunque, la verdad, no destacó ni como frontman de un grupo de pop, ni se mostró excesivamente comunicativo con el público asistente. Se amoldó a la colaboración de todos nosotros en los coros pero no tuvo excesivos gestos con los fans. De los pocos, fue regalarle a un chico de la primera fila una de las púas a modo de agradecimiento. En cuanto al tercer miembro original de la banda, Oscar Harrison, estuvo impecable a la percusión y dio muestras de tener muy claros los diversos estilos que conforman el repertorio de los OCS, incluida una de sus devociones personales: el reggae con el que empezó su carrera. Por lo que respecta a los otros dos componentes, añadidos tras el retiro de la formación de Damon Minchela en 2003, ambos estuvieron más bien discretos. Dan Sealey, a los teclados y guitarra ocasional, no aportó momentos destacables y Andy Bennet, al bajo, aunque parecía que se lo estaba pasando en grande, se limitó a cumplir con su papel de acompañamiento. Quizá se deba a que esos no son sus respectivos instrumentos habiutales.
     

Y así, podría seguir añadiendo unas cuantas apreciaciones personales perfectamente rebatibles, prescindibles o descartables según gustos. Quiero que quede muy claro que no solo me apasionan los OCS sino que también  me considero un afortunado al haber presenciado este concierto en el Apolo. De forma genérica, como en casi todos sus detalles, puedo aseguraros que fue un directo muy emocionante, a pesar de esa falta manifiesta de complicidad que, al fin al cabo, resulta siempre deseable entre un grupo y su público entregado. Sin embargo,  tampoco es cuestión ahora de pecar de tiquismiquis. En todos estos años que llevo siguiéndoles si algo he tenido siempre muy claro, aparte de que son unos extraordinarios músicos, es que no quieren, o no saben, o no contratan a la gente adecuada que les sepa vender.


Portada del Painting (2013)
Quizá sea ésta la última vez que podamos disfrutarles sobre un escenario, juntos me refiero como los Ocean Colour Scene. Tanto Simon, el hippie de la banda, como Steve, el mod, como ellos mismos se autocalifican medio en broma medio en serio,  tienen proyectos en solitario más o menos estables, aunque para variar, tampoco es que tengan  demasiado éxito. Por otra parte, como bien sabes, el inefable Cradock forma parte de la banda de Paul Weller. No sé qué futuro tienen pensado para su proyecto en común, quizás no lo sepan ni ellos, pero de momento parece que al menos creen, acertadamente, que siguen "pintando" algo en esto de la música y lo cierto es que nos lo demuestran con creces, mediante un buen disco de canciones como es “Painting” y  unos magníficos directos de abrazos un tanto fríos pero con el alma encendida.        




4 comentarios:

  1. Yo también estuve en el Apolo y disfruté y me emocioné con canciones que he escuchado cientos de veces. Estoy de acuerdo en que estuvieron algo fríos (Simon parecía un poco puesto) y eché de menos algunas de mis canciones favoritas de ellos (It's a beautiful thing o Get Away). Pero me siento un afortunado por haber estado en el concierto. Gracias Marta por el regalo.

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    1. Gracias por el comentario, sin duda las dos canciones que citas son maravillosas y hubieran podido formar parte perfectamente del repertorio para ese concierto.

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  2. No conectaron en absoluto con el publico. No saben hacerlo, se limitan a tocar y ya está.
    El concierto por eso me encanto, aunque el set list podía ser mejor. El bajista es la cosa mas sosa del mundo, pero el que realmente destacó es Steve, metió unos guitarrazos brutales, hubó un tema nuevo que es purito The Who. La voz mejoró a mitad de concierto, al principio estaba algo baja. Concierto para recordar. Posiblemente no los veamos jamas por aquí.

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    1. Ciertamente, un concierto para recordar. Entre otros aspectos, coincido plenamente contigo en que Steve brilló y mucho con su dominio de la guitarra. Gracias por el comentario.

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